El Código Municipal (Ley 7794) define con claridad dos tipos de función. La de los regidores cuya obligación es velar por aprobar los planes, presupuestos y otros que le presente la Alcaldía, pero, sobre todo, la ineludible obligación de ser fiscalizadores de la ejecución de los mismos, con celeridad y transparencia, en beneficio de toda la colectividad.
Y, por otra
parte, las de la Alcaldía, que, como jerarca, le corresponde poner a andar a
toda la administración en cumplimiento de lo que planteó, con eficiencia y
eficacia y velando por el buen uso de los recursos para que se nos brinden
servicios de calidad.
Es por ello, que
lo que acontece en la Municipalidad de Belén, no puede pasar desapercibido y
mucho menos ser ignorado por las y los belemitas, lo que lleva a plantear las
siguientes interrogantes a la ciudadanía en general:
¿Se preocupan ustedes
porque los recursos se apliquen con eficiencia o eficacia y porque
efectivamente se esté luchando por mejorar nuestra calidad de vida, como
expresión máxima de la labor de una Municipalidad?
¿Son conscientes
del retroceso que hemos experimentado en las últimas dos décadas en el
desarrollo de la comunidad respecto de otras, pese a contar con suficientes
recursos como para que no tengamos mejores estándares de vida?
¿Son conscientes
de que debido a la ausencia de un voto crítico y del poco interés por lo que
sucede, hoy día se percibe con normalidad como cada día, nuestra calidad de
vida se deteriora aún más?
Acaso se han
puesto a pensar en algún momento los porqués de las interrogantes, tales como:
·
Nunca en la historia de nuestro cantón, habíamos experimentado
tan altos superávits en los presupuestos anuales por no ejecución, lo que nos
hacen pensar que existe un manejo de los recursos ineficiente e ineficaz y, por
lo tanto, pagamos solo por mantener abierta la Municipalidad.
·
Experimentamos altos grados de contaminación vial,
sónica y ambiental, sin que exista interés por buscar soluciones.
·
Permisos de construcción como si fuesen producto de
piñatas con tramites incompletos y sin los estudios necesarios para que se
otorguen y lo que es peor aún, grandes construcciones sin permisos municipales.
·
No existe una política clara respecto a la vialidad
cantonal y se asume con normalidad las presas vehiculares en nuestras calles,
sin un ápice de preocupación.
·
No existe certeza de si el recurso hídrico será
suficiente para abastecer la carga urbanística al no contar con un inventario
hídrico
·
Poco o nulo interés por un mayor desarrollo cultural
·
Persecución a personas y organizaciones civiles y
comunales por no ser afines políticamente.
·
Se eligen regidores que aplauden la ineficiencia, que
no les preocupa ver como crecen informes de la auditoria interna y externa sin atender
o las improbaciones de presupuestos por parte de la Contraloría General de la República,
en afectación directa a los controles internos y de riesgo, sin que cuestionen
o denuncien acorde a sus responsabilidades como regidores.
·
Que existe un plan de gobierno que no contempla una
sola actividad de gobernanza y nadie lo cuestiona.
·
Que la administración municipal no cuenta con un
sistema de evaluación de desempeño, el cual, se debería estar aplicando desde
el 2002 y, por lo tanto, nadie se hace responsable de su gestión.
Probablemente ustedes
encuentren más porqués, lo que me lleva a preguntar. ¿Y el pueblo? Al parecer sin la más mínima conciencia de que con
sus recursos se pagan los salarios de los funcionarios municipales, incluidos
los alcaldes y las dietas de los regidores, para que se haga un ejercicio
responsable, ordenado y trasparente y realmente luchen por los intereses de las
y los belemitas.