9.24.2010

Comunidad y participación política.

Autor: Danilo Pérez Zumbado.
Hablando de Centroamérica hoy, dice Torres Rivas (Le Monde diplomatique, 08-2010) que “un Estado débil puede ser resultado de una doble causa: o no existe una ciudadanía extensa y participativa o el Estado reprime la vida democrática e inhibe ese tipo de ciudadano”. Asevera que “la pobreza produce ciudadanos mal informados y con bajo interés político”; ciudadanía que “fomenta un poder clientelista, patrimonial, con tendencia al populismo, al abuso de los derechos humanos y todos los males propios del atraso”.
Hablamos de ciudadanía, es decir, de cada uno de nosotros (as); de quienes en la cotidianidad compartimos espacios sociales, culturales, laborales, etc., en posiciones distintas que pueden ir de la solidaridad al enfrentamiento. Y es en este “aquí y ahora” que construimos, junto a miles y cientos de miles, lo que podemos calificar con palabras suntuosas los “procesos sociales”. Cierto que la influencia varía según la clase social, la etnia, el género, etc., y que tal poder puede ser determinante; sin embargo conviene recordar que todos y todas contribuimos a las realizaciones  de la vida en sociedad. Por tanto, es imperativo ético reconocer, aplicar y defender esta facultad personal de decisión e intervención social.
La participación es diversa: concurrimos a elecciones, colaboramos con la feria del barrio o de la iglesia, somos miembros de una familia y, cuando tenemos una conciencia mayor de nuestro poder personal, pertenecemos a una organización social, firmamos un documento de protesta, apoyamos una movilización social o participamos activamente en un partido político. Sin embargo, esta participación no siempre es transparente y refleja con claridad nuestras reflexiones y posiciones particulares. Por el contrario, nuestra participación, como es el caso de las masivas incorporaciones de la ciudadanía a los procesos electorales, no siempre está en función de intereses sociales solidarios sino, más bien, responde (sin que esto se muestre claramente) a intereses personalistas o de grupos económicos que se arrogan una representatividad ficticia. Así entonces, es fácil caer en el clientelismo y la manipulación electorera.
El clientelismo y la manipulación política pueden explicarse por el carácter de las políticas del Estado, las condiciones materiales (pobreza, inequidad social) y las tradiciones políticas y culturales. Y a nivel local estas condiciones son fácilmente  detectables, no es difícil ver el manejo de los asuntos municipales, por el Alcalde de turno, prometiendo “cielo y tierra”, movilizando recursos públicos para atender de última hora algunas necesidades y generando campañas de divulgación y negocios a su favor. Aquí es cuando procede cuestionar no sólo el papel de estos irresponsables y manipuladores, sino preguntarse por el papel que cumplimos como electores. Podemos asumir, al aceptar estas manipulaciones, el rol de soportes de la corrupción y la desvergüenza política o, por el contrario, convertir nuestro voto en un arma para  sanear el sufragio y dar oportunidad a personas que han demostrado su entereza y autonomía o a  fuerzas políticas nuevas que enfrentan con dignidad el clientelismo, el burocratismo y la manipulación de las conciencias. De esta manera podemos contribuir y  evitar lo que Torres Riva no describe al inicio de estas palabras.

9.21.2010

Contaminación visual en Belén

La contaminación visual en area pública,
es otro de los males que se sufren en Belén. 
Lo irónico del caso,
es que existe regulación al respecto que no se aplica
por los responsables de velar por su cumplimiento.